Estos días he estado analizando, y aún cuando mucha gente me dice que soy afortunada yo no lo había podido ver. Desde mi jodidés y el pozo en el que quiero seguir metida es bastante complicado.
A veces prefiero estar pendiente de lo que no me parece en los demás, de como mi cuñada no se cansa de joderle la vida a mis sobrinos, de como mi hermana se jode a su hijo, de como mi sobrino es incongruente con lo que quiere y con lo que hace.Al final juzgando a todos pero a la vez sintiéndome del nabo por no trabajar en lo mío que al final es lo que importa.
En fín, no sé si me engancho para desviar la atención o si me engancho porque es como mi propia historia retratada en otros. El caso es que sigo luchando contra el ideario heredado por mis dioses que yo llevo como tatuado en mi alma y por eso mismo luchando siempre en no convertirme en mi madre y dándome cuenta que soy ella pero aumentada y corregida y no en el mejor de los sentidos.
Sigo enojada con el mundo, con la vida, conmigo misma. Temiendo terminar como una vieja margada y solitaria. Eso es lo que más me pone triste sigo llena de mis juicios y mis miedos, no sé como desprenderme de ellos. Ahora ni siquiera me atrevo a preguntarle a mi "sensei", la juzgo tan avanzada y tan desacuerdo conmigo que ahora ni siquiera corro como antes a que ayude a desenmarañar todo esa bola de sentimientos y sensaciones malpedo que no me dejan ser.
Todo el secreto está en la Reflexión, en el Cotejo de información, en los Valores vivenciales, en la Responsabilidad, en las Elecciones que hago en el día a día.
Y creo que allí es donde radica el problema quisiera como en los cuentos tener una varita mágica para sanar mi alma, pero no es tan sencillo y aunque a veces mis maldiciones y mis chistes para mis hermanas pareciera que para mi es más fácil no se dan cuenta que es sólo un escudo protector. Creo que he levantado una muralla tan grande y gruesa mi alrededor que cada golpe para derribarla me duele en el alma y en el corazón.
No sé cuanto tiempo me cueste, no sé siquiera si me alcance la vida pero ya no quiero estar alli en el fondo, en la obscuridad, con esa sensación de abandono y de recriminación; me he vuelto mi peor enemigo soy yo misma la que se obstaculiza y se sabotea, no entiendo cual es la ganancia de seguir chingándome la vida y de paso a los demás (porque además me creo así de importante).
No se cuando dejé de soñar, no se cuando dejé de sentir, no se cuando me perdí, no se cuando me rendí. Lo cierto es que no concibo estar muerta en vida. Quiero vivir, quiero reír, quiero sentir, quiero amar y que me amen acaso es mucho pedir?

